«Behemoth» y «Paula»: dos miradas sobre una misma historia

Ofrecemos un texto que es un diálogo a tres bandas, en el que Arantxa Acosta, Juan Manuel Linares y Albert Margalef, los socios de la ACCEC que formaron el jurado de la crítica en L’Alternativa explican las razones que los llevaron a premiar los filmes Behemoth y Paula, y realizan una valoración global del festival.

(Arantxa Acosta) El Festival l’Alternativa siempre es un viaje. Por su temática, por sus arriesgadas y vanguardistas propuestas, por su invitación a la reflexión, y a la acción. Algunos miembros del jurado ya somos veteranos, y desde hace años esperamos que llegue noviembre para dejarnos sorprender. Para otros, esta ha sido su primera edición. Rememorando las sensaciones vividas durante unos intensos siete días que nos han permitido conocernos, debatir, reír,  y sobre todo descubrir buen cine, nos parecía importante ampliar este texto más allá de la simple crítica a la película ganadora. Es por esto que planteamos una pequeña crónica sobre el Festival y su 23ª edición. Desde el análisis crítico, pero también desde el conjunto de sensaciones vividas.

Comencemos por explicar el premio a mejor película para Behemoth, de Zhao Liang. La decisión fue unánime desde que nuestros ojos se cruzaron al finalizar la proyección del film… Juanma, Albert, ¿con qué palabra o expresión definiríais el film, y por qué?

(Juan Manuel Linares) Para mí Behemoth es un docupoema. No pretendo decir que cumpla con todos los postulados de ese subgénero, pero fue la palabra que me sugirió durante su visionado. Sobre todo por su forma de acercarse a la realidad documentada, mediante el uso de  imágenes simbólicas intercaladas en el metraje, y por su uso del texto lírico como capa poética que comenta lo que vemos y potencia su significado. También por su utilización de una figura retórica como la sinécdoque, es decir, la designación de la parte por el todo. Porque Behemoth nos muestra una realidad local que se acaba expandiendo a lo nacional, pero que además es extrapolable a lo global. Tal es la fuerza de su significación.

Debo decir que Behemoth me ganó dos veces. En primer lugar porque, a pesar de que intento acercarme a las obras sin ningún tipo de prejuicio, es cierto que (y entiendo que dicho así suena demasiado genérico) la mirada asiática no es mi favorita. Y en segundo porque su arranque, totalmente simbólico (esos versos libremente adaptados de la Divina Comedia de Dante, ese hombre desnudo tumbado en posición fetal en mitad del paisaje, o ese otro que carga a sus espaldas el espejo, y que nos acompañarán durante todo el viaje) me produjo la sensación de que no iba a conseguir conectar con el sentido del film. Sin embargo, empecé a entrar en él cuando Liang desciende a un nivel realista para mostrarnos las duras condiciones laborales de los trabajadores de una cantera, de una mina y por último de una fundición, conectadas por el propio proceso de producción. El duro trabajo que contemplamos deviene un significante para los significados que se desprenden de esos versos en off.

A nivel visual, se genera un interesante contraste entre la aridez del paisaje y la fealdad de la agresión humana sobre la naturaleza, y la belleza con la que está retratada. Los planos amplios de esas montañas que explotan, de esas excavadoras que muerden la tierra para luego vomitarla sobre las praderas donde pastan las ovejas, o para transportarla en esos camiones que parecen hormiguitas mecánicas en su camino hacia la fábrica. Los planos más cercanos de los trabajadores, su ardua tarea, sus rostros tiznados, sus breves descansos y sus miradas furtivas y desconfiadas a cámara. Son peones más que personas, seres sin voz y sin identidad (no hay una sola palabra diegética en todo el film) que escarban en la miseria y parecen servir a un orden superior cuyas intenciones no parecen asunto suyo, ocupados como están en ir sobreviviendo. Y luego están, claro, esas otras imágenes bellamente simbólicas, construidas por el realizador e intercaladas en la narración, como las que nos muestran al hombre desnudo (¿la humanidad?) frente a un paisaje que aparece “roto” mediante un recurso visual de gran fuerza.

El desenlace de Behemoth es tan revelador como (disculpen la licencia) «rebelador»: nunca el fruto del sudor proletario tuvo un destino más inexplicable. Uno de los grandes méritos de Zhao Liang es haber convertido lo que podría haber sido un reportaje de denuncia al estilo de (y perdón por lo prosaico de la referencia) ‘Diario de…’ o ‘En tierra hostil’ en una obra artística de una contradictoria belleza que conserva toda su fuerza delatora de un orden tan monstruoso como absurdo. Documental político y poético nunca estuvieron tan cerca.

Como dice Arantxa, la decisión fue tan unánime como instantánea fue nuestra fascinación por este film. ¿Qué sensaciones te produjo a ti, Albert?

(Albert Margalef) Debemos tener en cuenta que el cine, entendido como arte, ha sido siempre un canalizador importante para comprender la esencia más profunda del individuo moderno. La búsqueda, en partes iguales, de reconfortar y molestar. ¿Puede haber belleza en la barbarie? Nuevas configuraciones que afectan a sus receptores de diversas maneras, provocando diferentes experiencias estéticas, como el gusto, el placer, la emoción o la conmoción; que no pueden tratarse del mismo modo. ¿Cómo nos comportamos entonces respecto a ello? Hacia un presente que, ante la necesidad constante del hombre por satisfacer sus propias necesidades, enmudece el mundo ante el caos de sus calles, las luces de sus rótulos, su tecnología, su velocidad y su gente conectada. El control social. Una estrategia distractora para desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos. Un presente que hace preguntarnos si éste era el cambio que todos esperábamos como sociedad. Una sociedad adoctrinada, conformista y obediente. La Oceanía de George Orwell. Mas, ¿qué es la libertad?

La libertad es un concepto de complejos contenidos y límites difíciles de precisar. Y es la historia de la especie humana,  la historia de la aspiración por la libertad, pero también es la historia del combate por la justicia social. Sin embargo, según Bernat Muniesa, en Libertad, Liberalismo y Democracia, “los parámetros de la libertad han sufrido poderosas imposturas con la Sociedad de Consumo. (…) En los países llamados “altamente desarrollados” como los occidentales allí donde se nos dice que “reina la mayor libertad”, sabemos que esa libertad se reduce a la posibilidad de comprar y acumular; sociedades de consumo también caracterizadas por un afán desenfrenado de éxito y notoriedad, donde la soledad es el horizonte dominante en el marco de un gran bullicio que es mera apariencia. Ha nacido así una libertad condicional, prisionera del consumo y del éxito”. Prisionera del Purgatorio de Dante Alighieri, como también citas, Juanma. Una proliferación de minas de hierro que, como Behemoth -descomunal monstruo del Antiguo Testamento a acuarela de William Blake-, devoran todo a su paso. Hombres que sacrifican su vida en el trabajo más primitivo, incluso injusto, que antepone la expansión económica y tecnológica de un mundo en constante movimiento, a sus propias vidas. A sus propias afecciones por pneumoconiosis.

Según defiende Charles Sanders Peirce, “la imagen puede ser «reflejo», «ilustración», «semejanza», «proyección matemática», «recuerdo», «ilusión», «reputación», «imagen mental» o «metáfora» (…) que representa algo para alguien en algún aspecto o carácter”. Es decir, una realidad propia. Una realidad que, con un lenguaje visual tan poético como arrebatador, Zhao Liang construye. “Sacrificios transmutados en acero para que podamos construir nuestro paraíso”, repite. Brillante reflexión sobre el comportamiento humano del presente: Behemoth. Un canalizador importante para entender la esencia más profunda del individuo moderno frente el capitalismo voraz. La búsqueda, en partes iguales, de reconfortar y molestar. Porque, ¿puede haber belleza en la barbarie?

Behemoth

Behemoth

(AA) Habláis de poesía, de belleza, de libertad. Habláis de barbarie, de fealdad, de miseria y control. Habláis de contrastes, magistralmente engarzados en un mismo fotograma. Para mí la fuerza de Behemoth reside precisamente en esos analizados encuadres, que no se nos permite abandonar hasta que el director está convencido, no únicamente de que hemos podido observar cada antítesis, sino de que hemos tenido tiempo de guardarlas, también, en nuestro subconsciente.

Contrastes que derivan, para mí, en la palabra que describe a Behemoth: dolor.

Dolor molesto, porque pone de manifiesto una realidad que, a nivel personal, no queremos ver para no sentirnos parte del problema. Dolor rabioso, porque una vez Zhao Liang nos hace traspasar la barrera de la individualidad y empezamos a pensar como sociedad durante el visionado, nos damos cuenta de que estamos perdiendo el prometido paraíso por ser demasiado egoístas. Y dolor abrumador porque, llegados al final de ese viaje que es Behemoth, el sentimiento de culpa invade nuestro cuerpo y mente: culpa por tratar así (y, por tanto, a nivel comunitario) a una Naturaleza que debería ser el principal legado a las nuevas generaciones. Pero culpa también por dejarnos arrastrar por el control que comentabas, Albert. Un control supuestamente establecido por otros… que somos nosotros mismos.

Behemoth nos produce dolor personal y social, pero nos invita a la redención y, por tanto, al activismo, sabedora que únicamente, otra vez, desde una perspectiva personal podrá conseguirse un movimiento globalizado. Así que, desde la supuesta pasividad de poner ante nuestros ojos imágenes tan reales como bellas e incómodas, consigue su propósito: ser rememorado, incluso semanas después de su visionado, para obligarnos a actuar.

Y esto es precisamente lo que lo hace emerger frente al resto de candidatas y nos llevó a premiarla: flashes de los sucios camiones invadiendo el luminoso prado en el que pastan las ovejas, de los trabajadores “purificandose” tras la jornada laboral (esto es, limpiando con empeño su cuerpo para que vuelva a aparecer el color de su piel, recubierta de oscuro carbón), de esa planta de hojas verdes (símbolo de nuestras raíces perdidas) queriendo ser ubicada en plena montaña de runas, o en una ciudad fantasma que parece sólo admitir cemento en sus calles… Pequeñas dosis de cruda realidad, enmascaradas en preciosas imágenes en las que el negro, rojo, verde y oro quedan atrapados en nuestra retina.

Así que respondo a tu pregunta, Albert. ¿Puede haber belleza en la barbarie? Por supuesto. Pero no creo que Behemoth quiera reconfortar. La belleza de las imágenes es el arma del director: hipnotizados por ella prestamos atención a una denuncia que, de otra forma, observaríamos desde la distancia y el confort de nuestra lejana jaula de oro capitalista. Behemoth no reconforta, no… Behemoth duele a niveles muy profundos. Desde su sencillez y franqueza, desde la marcada cadencia de su historia, nos plantea una problemática que trasciende a nuestra propia y única actuación, por ser necesario implicar, a partir de ahora y con urgencia, a varias generaciones para que arreglen el desastre.

Esta reflexión me lleva a pensar en el film al que otorgamos la Mención especial, Paula. Comparte con Behemoth esa realista sencillez y franqueza en su formato, pero también la exposición de una problemática que afecta a todos. A diferencia de Behemoth, Paula pone de manifiesto cómo la faceta más egoísta de la sociedad se está forjando a base de sumar pequeños desaires, fruto de habernos creído que el dinero, y nuestra posición social, nos permiten situarnos por encima de otros seres humanos.

(AM) En 1961, Frantz Fanon escribía “en las sociedades de tipo capitalista, la enseñanza, religiosa o laica, la formación de reflejos morales transmisibles de padres a hijos, la honestidad ejemplar de obreros condecorados después de cincuenta años de buenos y leales servicios, el amor alentado por la armonía y la prudencia, esas formas estéticas del respeto al orden establecido, crean en torno al explotado una atmósfera de sumisión y de inhibición”. Los trabajos invisibles. Premisa que utiliza Daniela Ortiz para retratar, mediante 97 fotografías extraídas de Facebook, la clase alta peruana en situaciones cotidianas: 97 empleadas domésticas (2010). Una mirada íntima como medio de exploración de tensiones identitarias, de raza, inmigración, clasicismo o exclusión. Donde en cada fotografía expuesta muestra, ya sea en un segundo plano, fuera de foco o como un fragmento recortado -un brazo, un pie, una mejilla-, una o varias empleadas domésticas y niñeras. Errores que delatan la dolorosa y naturalizada condición de pertenecer a una familia que las descarta de su representación y memoria. Un tormento ahogado en el silencio para el que Eugenio Canevari consigue, con su ópera prima, dar representación. Paula, mediante un uso evocativo del espacio, el lenguaje y el sonido -o más bien los silencios-, que tanto recuerdan a Lucrecia Martel, retrata una sociedad marcada por la indiferencia, la hipocresía, la codicia, el individualismo. Y qué, rodeada de niños ajenos, miradas, perros e imborrables puestas de sol, encuentra su escenario idóneo en una pequeña casa de campo ubicada en Pergamino.

Sin embargo, que estemos hablando hoy de Paula, y por ende de nuestra Mención Especial en el Premio de la Crítica al mejor largometraje de la Sección Oficial, va más allá de la obra, de un lenguaje propio. De su franqueza. Paula es sinónimo de la pasión y el esfuerzo de un joven realizador que intenta encontrar su sitio. Un sitio en el que muchos de nosotros nos hallamos a la deriva en busca de un empujón que nos ayude a llevar adelante nuestro proyecto cinematográfico. Pero, ¿acaso es necesario? Paula es el claro reflejo de que, con pocos recursos, un reparto no profesional y la ayuda de familiares y amigos que deciden embarcarse en el proyecto, podemos realizar una memorable pieza única. Como bien define Victor Kossakovsky, “no sigas mis reglas. Sigue tus propias reglas. Siempre hay algo que tan solo podrás filmar tú y nadie más”. Porque, ¿qué es el cine sino un lenguaje por descubrir?

Paula

Paula

(JML) Como dice Albert, la mención especial del Jurado de la Crítica le fue otorgada a Paula sobre todo por la pasión y el esfuerzo demostrado por Eugenio Canevari para levantar una ópera prima con un presupuesto escaso y con actores no profesionales: amigos, familiares o vecinos de su pueblo natal, Pergamino, donde está rodado el film. Estas condiciones de producción le dan otra acepción al concepto de “cine popular”.

En cuanto a su valoración artística, hubo dentro del jurado algunas disensiones. En mi opinión, lo mejor de Paula es su puesta en escena. Canevari rueda con planos-secuencia fijos y de tempo pausado, con pocos diálogos, un estilo que recuerda mucho al del mexicano Michel Franco. Una planificación estudiada que encierra a la protagonista en planos cortos y asfixiantes que incluso a veces le “cortan la cabeza”, como negándole la identidad.

El problema reside, según mi opinión, en que su ritmo moroso parece enmascarar cierta falta de sustancia narrativa, y a veces se tiene la sensación de estar ante un cortometraje estirado. Por otro lado, su estilo naturalista, silencioso, contemplativo, también oculta (con bastante éxito a juzgar por sus críticas) cierta tendencia irritante al maniqueísmo y al subrayado.

Sin embargo, no puedo decir que no fuera un placer premiar el arrojo y la pasión de Canevari en su empeño por dar a luz su primera obra, que en el apartado técnico nada tiene que envidiar a producciones con mayor presupuesto y medios.

(AA) Comparto vuestras opiniones. Paula debía ser recompensada ya no únicamente por el formato de su denuncia sino por su valentía a la hora de llevar adelante un proyecto con tan pocos recursos. De hecho, tanto Paula como Behemoth son dos estandartes del tipo de film característico de un festival que debe seguir luchando por programar películas de alto contenido político y social, pero también que sorprendan, que jueguen, que nos atrapen. Lamentablemente, se han acabado los años en los que un simple documental nos dejaba boquiabiertos. Son tantos los problemas que nos afectan que hemos desarrollado una cristalina coraza que nos protege de las verdades y, aún así, los artistas saben adaptarse y encontrar nuevas fórmulas para seguir sorprendiéndonos. Films como Havarie o Between Fences, incluso Heart of a Dog, fueron también un buen ejemplo de cómo la imaginativa a la hora de utilizar los recursos cinematográficos es clave para seguir conquistando al público y hacerle retorcerse en el asiento.

La activista línea de la programación de L’Alternativa es desde hace años marca de un Festival que tampoco olvida, como es de esperar, programar cine experimental que invite a la reflexión más allá de ser conectado exclusivamente con la necesidad de luchar contra el devenir social. Recuerdo, por ejemplo, la experiencia que fue el visionado de G/R/E/A/S/E, corto que deconstruía el material original, la famosa película, y convertía la idolatrada historia de amor en un film tétrico en el que el decollage contribuía a plantear si una “falsificación”, el apropiarse de la autoría de otro y retorcer su idea, puede ser considerado también arte al producir en el espectador otro tipo de sentimientos y conexiones – una idea similar a la de Havarie, también, teniendo en cuenta que parte de un vídeo de youtube.

Esta fue vuestra primera experiencia como jurado en un festival de cine, e incluso casi un primer contacto con l’Alternativa. ¿Qué valoráis más de estos siete días?

G/R/E/A/S/E

G/R/E/A/S/E

(JML) Yo soy público asiduo a festivales, sobre todo como público pero también como periodista. Sin embargo, para mí ésta fue una enorme oportunidad de conocer desde dentro los mecanismos de un jurado. Cuando ahora leo que tal o cual película se ha llevado este o aquel premio en algún festival, me hago una idea más clara de cómo pudo ser el proceso de deliberación. En la crítica es diferente, porque uno está sólo con su visión, pero he comprobado que como jurado hay que buscar el consenso cuando las sensibilidades son diferentes, lo cual es de suponer que sucede a menudo.

Luego, por supuesto, fue un honor estrenarme en l’Alternativa, uno de los festivales más importantes y sugerentes de Barcelona. Además, puesto que mis referentes cinéfilos son algo más convencionales, enfrentarme a obras como las que propone l’Alternativa con la necesidad de valorarlas para emitir un veredicto final, me ha ayudado a poner los cinco sentidos en cada proyección y he aprendido mucho. Y sobre todo, me ha recordado que hay que luchar por todo ese cine al margen de la gran industria capitalista y (si me permitís) estupidizante. Porque más allá de los remakes y reboots, de las sagas de superhéroes de las adaptaciones de cómics o de best-sellers, del cine-espectáculo dominado por el CGI, en fin, del cine hecho con poco respeto por el cine y mucha preocupación por los números; más allá de todo eso, decía, hay otros cines, mucho más adultos y comprometidos con su contexto social, económico histórico cultural y político. Otros cines que son, si cabe, más necesarios que nunca hoy en día. Así que sólo puedo decir: ¡larga vida a l’Alternativa, y a todos esos otros cines!

(AM) A lo largo de estos últimos años he podido vivir los festivales desde puntos tan dispares como pueden ser el de crítico, miembro de un campus, codirector de una película en competición e, incluso ahora, como Jurado. Una mirada francamente distinta e interesante, en un festival que, como bien indicas, debe seguir luchando por programar películas de alto contenido político y social. Pero que, como lleva años haciendo, nos proponga alternativas distintas. Hay una frase de Víctor Erice que dice: “el cine, dentro de pocos años, probablemente ocupará el mismo lugar en relación al audiovisual que el que ocupa la poesía en la literatura”. Es decir, un lugar residual. Estamos obligados, por tanto, a repensar el Cine y, en este sentido, volver a reencontrarnos con Walter Benjamin y La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica, más cuando todo aquello de lo que hablaba, en 1936, está balanceándose en el filo del precipicio.

¿Qué sucede cuando la idea del original ya no tiene sentido? Y, ¿cómo afecta a su difusión en la cultura de masas? El paso del soporte analógico al digital ha ocasionado un cambio de mayor alcance de lo que pensábamos. Pero si bien es cierto que la obra de arte reproducida pierde el aura, entendido como aquello único e irrepetible, Benjamin consideró ver de qué forma la cultura de masas, mediante la copia, puede acercarse a la obra de arte. A Le Musée imaginaire de André Malraux. Donde el arte, entendido como fuente de gratificación para ser consumida, deriva a un vehículo de difusión y conciencia. El acceso al Arte se democratiza, está al alcance de todos. ¿Por qué sino L’Alternativa se apodera, de nuevo, de un museo como el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona? ¿Y por qué razón, una semana después de la conferencia de Noam Chomsky en Barcelona, David Harvey inaugura un festival de cine? Algo está cambiando. Y para bien, l’Alternativa se ha apoderado de ello.