El Jurado de la Crítica del 52 Festival de Sitges otorga el Premio José Luis Guarner a «Bacurau» (Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho) y el Premio Citizen Kane a «El hoyo» (Galder Gaztelu-Urrutia)

El Jurado de la Crítica del 52 Festival de Sitges, compuesto por Javier Cózar, Javier Parra y Mar Canet, otorga el Premio José Luis Guarner a «Bacurau» (Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho) y el Premio Citizen Kane a «El hoyo» (Galder Gaztelu-Urrutia)

Javier Cózar, Javier Parra y Mar Canet

Bacurau (Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho) 

La 52ª edición del Festival de Sitges se presentó con los grandes títulos del fantástico internacional que se habían paseado por las pantallas de los festivales de cine de medio mundo. Aun así, y teniendo en cuenta que este año no ha sido el de las grandes propuestas de género como ha pasado con anteriores, las pequeñas sorpresas se tenían que buscar entre la tupida programación que nos genera anualmente el festival, por suerte algunas de ellas recayeron en la Secció Oficial Fantàstic a Competició.

El premio de la Crítica José Luis Guarner fue para Bacurau, del tándem de realizadores compuesto por Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho. Enmarcando su historia en un lugar inhóspito cuyos propios habitantes ya avisan que “no salimos en el mapa”, se nos presenta la aldea de Bacurau, un lugar en el que el agua es su tesoro más preciado y donde la comunidad llora la muerte de la matriarca del pueblo.

A caballo entre el cine social y el exploit más salvaje, los cineastas mantienen el pulso narrativo presentando a los diferentes habitantes de la aldea, convirtiendo la película en un colectivo de personajes que sirve cual reivindicación a favor de un estrato social olvidado, que clamará venganza en la línea de Fuenteovejuna cuando la violencia estalle frente a ellos.

Bacurau (Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho)

Con ecos al spaghetti western y reinterpretando ciertos arquetipos como el del médico borracho (aquí Sonia Braga, haciendo de doctora con remordimientos de conciencia que olvida empinando el codo), la película se nutre de momentos, de pequeñas tramas/acciones que se van enlazando de forma sutil en el inicio y más abrupta cuando se va desencadenado la catarsis, en la que destacará un duelo sin pistolas entre Sonia Braga y Udo Kier, jugando su carta para constatar su estatus como pieza de culto cinéfila. Los cineastas demuestran el claro auge del cine de género sudamericano, donde Brasil sigue teniendo en cuenta su clara importancia en el panorama y no se corta un pelo a la hora de acercar sus estrellas a las nuevas generaciones.

Con una estructura narrativa de estilos que podría resultar un fiasco por querer abrazar diferentes temáticas, acaba saliendo indemne gracias a la explosión de referencias cinematográficas, mezclando cine tradicional con el género más bizarro, convirtiéndose en un divertimento para el espectador.

No en vano una referencia importantísima que maneja Bacurau es uno de los clásicos setenteros del cine de serie B, Asalto a la comisaría del distrito 13. Influencia reconocida por los mismos directores, no solo se materializa en el guiño del nombre del colegio donde termina la película (Escola Municipal João Carpinteiro), sino también en el detalle del fusil que empuña el personaje de Udo Kier (calcado al de uno de los protagonistas de la película de John Carpenter) y especialmente en la estructura narrativa, que encierra a los habitantes de Bacurau en los límites del pueblo y los somete al asedio de una pandilla de turistas ávidos de sangre.

Bacurau (Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho)

El hoyo (Galder Gaztelu-Urrutia)

A falta de películas puramente de terror, ciencia-ficción, vampiros e incluso la escasez de zombies, el Premio Citizen Kane al Director Revelación recayó en la distopía futurista de El hoyo, dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia.

El hoyo, como lo llaman los protagonistas ingresados por voluntad propia o por decisión de la administración, es una construcción cuadrangular donde baja una plataforma con comida, que se tienen que repartir entre los más de 200 pisos y los dos habitantes que residen en cada una de los niveles. Una propuesta arriesgada que se sirve de un guion estructurado que permite al director exponer su potencial en la planificación y dirección artística. Loable la templanza de Gaztelu-Urrutia al mantener el pulso en un único espacio, con leves cambios de escenario que podrían recordar a una puesta en escena teatral, donde los compañeros de habitación de Goreng (Iván Massagué) nos conducen al lado más oscuro de la condición humana.

El hoyo fue la gran triunfadora de Sitges, y no nos sirve decir que no había grandes apuestas cinematográficas. Al contrario, El hoyo es una bocanada de aire fresco al panorama del cine español, con un discurso social articulado inteligentemente a través de los mecanismos y resortes del cine de género fantástico, a las antípodas del supuesto cine social.

Una propuesta de riesgo con una dirección ambiciosa poco común para un cineasta novel, aunque la película no sea perfecta y su discurso pueda ser obvio, como diría Trimagasi, hay veces que lo obvio no lo es tanto.

El hoyo (Galder Gaztelu-Urrutia)