‘Human Flow’, en SEMINCI 2017

En el mundo que nos ha tocado vivir últimamente el tema de los refugiados es palpable en el día a día de nuestras vidas y esto naturalmente se refleja en las pantallas.

El festival de cine de Valladolid ha programado en su sección oficial dos películas que abordan el tema desde distintas vertientes: Daha del director turco Onur Saylak, en el que nos habla del tráfico de personas hacia Europa desde la visión de un joven de 14 años. El film obtuvo el premio del jurado FIPRESCI.

La otra película, de la que voy a hablar más extensamente, es Human Flow, del cineasta chino afincado en Berlín Ai Weiwei, conocido en todo el mundo por sus documentales de temática social y política galardonados en distintos festivales. No solo es un gran cineasta, sino que también es famoso por sus obras arquitectónicas o sus instalaciones artísticas.

Human Flow nos habla de cómo más de 65 millones de personas de todo el mundo han tenido que abandonar sus hogares por distintos motivos, hambre, guerra o el cambio clímatico.

La película, rodada en 23 países durante un año, nos muestra las calamidades y sufrimientos de esas personas durante la travesía por el océano, la vida en los campos de refugiados abarrotados, el paso por las fronteras con alambres, y otros inconvenientes como la lluvia, el frio,o la escasez de alimentos, que pone de manifiesto el mayor desplazamiento humano desde la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de la crudeza de las situaciones, Human Flow es una película bella, las vistas aéreas sobre Kenia, los campos de refugiados o los pequeños departamentos construidos dentro del antiguo aeropuerto de Berlín están tan bien filmados que durante unos pocos instantes nos olvidemos de lo que contienen realmente, hombres, mujeres y niños, en busca de una vida mejor.

Ai Weiwei, presente en el festival, señaló que ante este drama nadie debe mantenerse al margen, la participación ciudadana es importante, ha dicho, porque “es un factor intrínseco de la democracia. El silencio de los 65 millones de refugiados es una humillación para las personas que tenemos voz, si esta comunidad no merece nuestra atención significa que el mundo se está cayendo», ha dicho el cineasta, y «si todas la personas no tienen los mismos derechos, la democracia es una mentira. Si hay algo que une a todos los refugiados es el derecho de vivir, la esperanza de tener un trabajo, o la educación que quieren dar a sus hijos”.

Ai Weiwei recordó también que este tema le toca muy de cerca, y que él se siente parte de los refugiados, el mismo año en que nació en Pekín (1957), su padre, que era escritor, fue desterrado por sus “opiniones políticas culturales y artísticas” durante veinte años, en los cuales se le prohibió escribir, y vivieron en una especie de gruta que ellos mismos excavaron en la tierra.

Al preguntarle por qué aparece en algunas de las escenas de su película, él contesta que ha pretendido “dar más realismo al documental y diferenciarse de la actitud de superioridad de la prensa de los Estados Unidos”.

Asimismo ha defendido la postura del Gobierno Griego como “ejemplo a seguir, ya que han aceptado incondicionalmente a todos los refugiados”.

Human Flow no propone una solución, no se trata de convertir el film en político para orientar a los distintos gobiernos el camino a seguir, quiere que todos veamos que a lado de casa existen personas que careciendo de lo más esencial siguen teniendo esperanza en un futuro mejor.

Cuando en el año 1989 cayó el muro de Berlín, 11 países derribaron vallas y rejas de sus fronteras. En 2016 casi 70 países de todo el mundo han construido en sus fronteras muros, vallas y rejas, para evitar el paso de los refugiados.

© Margarita Chapatte, 2018