Mesa redonda: «La crítica y los festivales»

De izquierda a derecha: Nuria Vidal, Jaume Figueras, Imma Merino, Manu Yáñez (Foto: Gerardo García)

MESA REDONDA CELEBRADA EN EL D’A, FESTIVAL DE CINE DE AUTOR DE BARCELONA EL 29 DE ABRIL DE 2015

Ponentes: Jaume Figueras, Imma Merino, Manu Yáñez
Moderadora: Nuria Vidal

La mesa redonda es un organismo vivo que se mueve de un tema a otro a veces sin darte cuenta. No hay una estructura, no hay una coherencia: hay espontaneidad y opinión. En esta transcripción he intentado mantener al máximo la frescura de la deriva. (Nuria Vidal)

Tras la bienvenida surge el primer tema ¿Cómo se cubre un festival viviendo en la misma ciudad?

Jaume Figueras: Cubrir el festival del D’A como cubrir el festival de Sitges, si tienes que vivir en Barcelona y trabajar, es un reto. Yo intento alternar el trabajo cotidiano con las sesiones de noche, más que las de tarde. Pero en fin, peor se lo pasan los obreros de la construcción.

Imma Merino: Cuando vas a otra ciudad para cubrir un festival no tienes otra finalidad. Estás allí para eso, con una dedicación exclusiva. Vives en una excepcionalidad, viendo películas, hablando de ellas. En cambio, para mí, es muy difícil seguir este festival, el D’A, porque precisamente como dentro de pocos días me voy a Cannes, tengo que cerrar el curso, acabar trabajos. La cotidianidad hace que me resulte muy difícil vivirlo como lo excepcional que sería para alguien que venga de fuera de la ciudad.

JF: Hay otro problema. ¿Quién cubre este festival? Te enteras de las películas del festival por el twitter. El crítico que la ve a las cuatro te dice: “val la pena recuperar-la”. Pues vas y la recuperas. En la prensa no hay un seguimiento de este festival. De todas maneras hay que diferenciar. Imma hace crítica, yo no hago crítica, yo hago crónica. Es muy diferente porque yo no tengo obligación de hacer comentario diario de lo que veo aquí, en Cannes, San Sebastián o dónde sea. Como soy muy mayor, diré que el primer festival de Cannes al que fui fue el de 1967. Hacía pequeñas crónicas para Fotogramas y había una cosa muy divertida. De las películas que se veían en Cannes, hacíamos una especie de clasificación que era: invisible en España, invisible sin retoques, posiblemente visible. Y esto era una orientación para la gente. Ver Cannes desde este punto de vista siempre era más agradable, más asequible, porque no tenías la obligación de hacer comentarios continuos. Cuando empecé con TV3 en televisión, sí íbamos a Cannes a trabajar, a hacer entrevistas, reportajes. Pero eso ha cambiado mucho desde que empezamos en los primeros ochenta a ahora. Primero porque hay infinidad de medios que piden entrevistas, lo que ha producido la maldición de los junkets, las entrevista programadas una detrás de otra, sin tiempo para nada. Yo recuerdo que en los años noventa había la posibilidad de llevarte a un entrevistado a un lugar especial y hacer una entrevista larguísima. Ahora esto es imposible. Incluso si hay alguna representación española en el festival, aunque conozcas a todo el mundo, has perdido el contacto, porque quién los lleva allí es un agente internacional. El trabajo ha evolucionado mucho. A veces tienes que inventarte cosas, como filmar la retaguardia del festival más que el propio festival. Como resumen: hacer entrevistas, reportajes en Cannes en los años ochenta y noventa era fácil. Hacerlas en el siglo XXI no es posible.

IM: En el caso de la prensa escrita, si no eres un medio poderoso, estás condenado a los junkets, esas mesas donde hay medios de diferentes nacionalidades para que no se repita la misma entrevista dentro del mismo país. Eso me ha provocado dejar de hacer entrevistas. Porque yo también hago de cronista, no solo de crítica. Hay una cosa perversa en los festivales: estás al servicio de la promoción de las películas y a ellos lo que les interesa es que se hable de la película en el máximo posible de medios. Les da igual si todos dicen lo mismo, por eso mezclan países. Es perverso, porque los medios se ven obligados a colaborar en esta promoción si no quieren quedar fuera. Pero eso no es una entrevista, es otra cosa.

Manu Yáñez: Sobre este tema hay un problema de fondo que afecta a las dinámicas periodísticas que hay en un festival grande como Cannes, es que no se diferencia entre distintos perfiles de periodistas. En estas mesas colectivas para varios medios, yo por ejemplo que voy por Fotogramas, me encuentro muchas veces con medios de prensa rosa. No hay una frontera entre los dos territorios el rosa y el cinéfilo. Y eso lo complica mucho.

Nuria Vidal: Es evidente que un festival grande no es el lugar idóneo para hacer entrevistas. Pero este, por ejemplo, creo que sí, porque aquí si te puedes sentar media hora con alguien y hacer una buena entrevista. En los festivales grandes yo reivindico las ruedas de prensa. En los festivales grandes los críticos normalmente no quieren ir a las ruedas de prensa porque se reservan su pregunta. Pero luego te dan cinco minutos y no puedes hacer ninguna pregunta. Más valdría enriquecer las ruedas de prensa con preguntas interesantes en lugar de tonterías.

JF: En cuanto a las ruedas de prensa hay otra cosa. Hay gente importante que solo va a la rueda de prensa, que no da entrevistas. Tienes que aprovechar esa oportunidad y a veces salen cosas más divertidas

MY: El problema con las ruedas de prensa es que han perdido el sentido de la exclusividad. Desde el momento que las ruedas de prensa de Cannes se transmiten en streaming para todo el mundo, has perdido la posibilidad de tener una primicia que pueda importar a tu medio. En las sesiones importantes, de películas grandes, recuerdo que había gente que salía corriendo para poder encontrar un buen sitio en la rueda de prensa. Mi sensación ahora es que la gente sale corriendo, no para ir a la rueda de prensa, sino para ser el primero en escribir una crítica rápida, un comentario en twitter, que cuelga enseguida y así consigue visitas y un cierto espacio de difusión. Estás escribiendo mientras ves la rueda de prensa. Las dinámicas dentro del festival, sobre todo los tiempos, han cambiado drásticamente. Pienso que el gran tema o el gran problema que hay actualmente es la necesidad de ser el primero en publicar lo que sea, notas, críticas, twitter. Yo participo de todo esto, soy el primer culpable. Pero pienso que es una de las cosas que ha transformado más el seguimiento de un festival en los últimos años.

NV: Hay una cosa que no se tiene en cuenta cuando estás en el festival: no piensas en los que no están ahí. Desde hace varios años las ruedas de prensa de Cannes o de Berlín se transmiten en directo. Eso quiere decir que, no solo las ven los críticos que están en el festival, como sucedía cuando se transmitían en circuitos cerrados del festival, las puede ver cualquiera en cualquier lugar del mundo. El problema es que, como los críticos más interesantes no van, las ruedas de prensa, suelen ser muy malas y cuando las ves, te desesperas de que no esté ahí un buen crítico preguntando en lugar de estos que preguntan cosas tan poco interesantes. Precisamente porque las ruedas de prensa se ven en todo el mundo, los buenos críticos deberían aprovechar esa plataforma para hacer buenas preguntas.

Foto: Gerardo García

Foto: Gerardo García

JF: En los festivales hay otro tipo de posibilidades que me parece más interesante. Se trata de las master class que son siempre más enriquecedoras que una rueda de prensa. Como la que hubo el año pasado en Cannes con Sofía Loren.

NV: Eso abre otro debate interesante. ¿Qué es más importante, las películas y ser el primero en decir algo, o las personas? Ver a Sofía Loren en directo puede ser una ocasión única e irrepetible. Las películas, puede ser que las acabes viendo en un lugar o en otro.

IM: Todo depende del medio para el que estés trabajando. No creo que una cosa sea incompatible con otra. En un festival siempre tienes que elegir. Aunque a veces hay cosas obligadas. Los críticos nos obligamos a seguir la sección oficial, cuando seguramente en el festival hay cosas más interesantes en otras secciones. Hay una cosa que ha comentado el Manu que me parece importante, como ha variado el trabajo con toda esta tecnología que permite ser el primero en opinar. Esto ha hecho que sea cada vez más difícil algo que me parece importante: comentar las películas entre nosotros. Me doy cuenta que estamos cada vez más pendientes de lo que ha dicho no sé quien en twitter, que de hablarlo con alguien que tienes al lado. Creo que siempre ha habido esta urgencia de ser el primero, pero las formas se han renovado, se hace una crítica de urgencia, que no permite pensar lo que quieres decir porque inmediatamente la tienes que escribir. ¡Aun no se ha acabado la película y ya haces un juicio y muchas veces mientras la estás viendo!

JF: Y no es una urgencia profesional, es un puro deseo egoísta. La urgencia del twit solo tiene una ventaja. Si alguien del que tú te fías ha visto una película y te dice me he salido a la media hora porque era un ladrillo, ya no la recuperas al día siguiente. Esta es la gran ventaja que agradezco a los que van a las sesiones de las 8:30 de la mañana. Porque las sesiones de prensa en un festival como Cannes, empiezan a las 8:30 de la mañana. Hay gente que se tiene que levantar a las 6:30 para llegar a tiempo. Y si a esa hora te encuentras con un ladrillo, que te lo encuentras, acabas rebotándote contra la película y contra el festival y contra el mundo. Pero a veces nos tomamos las cosas demasiado en serio. Un festival de cine es un festival de cine, no vas a salvar el mundo.

MY: Respecto al tempo que impone cada festival, pude notar ciertos cambios en las coberturas que hacía para Fotogramas a través del blog de Cannes, que ahora escribe Philipp Engel, y de las crónicas de Venecia. Hace unos años, tenías margen para poder pensar, para ser creativo. Recuerdo que en este blog llegué a inventar diálogos con otros críticos o escribí cartas dirigidas a los directores de ciertas películas. Existía esa libertad. Pero, en los últimos años, al espacio online se le ha empezado a exigir una inmediatez que, en lo referente a las formas, lo ha terminado igualando a la crítica/crónica más tradicional. Tengo la sensación de que este espacio on line, que en principio se prestaba a expresarte con más libertad, que permitía una cierta creatividad, ha sido ya absorbido por el sistema. Y respecto a lo que decías de las películas, si son más importantes las películas que las personas, quiero reivindicar el valor de las películas. Porque creo que la película es un objeto que puede resistir a todos estos elementos externos que vician lo que puede ser el conjunto de un festival. Por ejemplo, y enlazo con otro tema interesante, ¿es más interesante analizar una película como objeto autónomo o ver los festivales como un conjunto, analizarlos como un mapa del cine, por ejemplo? Yo cada vez soy más escéptico respecto a esa visión idílica, utópica, de un festival como un mapa del mundo que se genera de forma espontánea. Cada vez soy más consciente de todas las presiones, los elementos políticos que perfilan lo que terminas viendo en un festival. Sin embargo, una película al final es una película.

NV: El problema es que escribes de una película que la gente no puede ver. Por eso creo que es más interesante transmitir el deseo de verla, que hacer una crítica convencional.

MY: Pero es que hay muchas películas que no se van a estrenar.

NV: Antes sí era un problema, pero ahora, las películas se pueden ver en muchos sitios, se pueden recuperar en festivales más pequeños o simplemente en internet. Aquí mismo, hay muchas películas recuperadas de otros festivales de las cuales, que yo tenga memoria, no se ha hablado en ningún medio convencional. Yo agradecería que alguien hubiera dicho algo de estas películas, no que me hiciera una crítica, simplemente me las señalara para que estuviera al tanto cuando las viera en cualquier otro sitio.

IM: Es cierto que si solo sigues la sección oficial, acabas por ser una especie de portavoz de la industria. También estas condicionado por los horarios. Yo intento ver otras películas y también hablar de ellas, pienso que lo intentamos todos. A mi me gusta contextualizar las películas en un festival, hacer un poco de cronista, y pensando que el lector no podrá ver la película, introducir elementos explicativos. Tener una dimensión más amplia que la simple critica.

JF: Yo creo de todos modos que en los festivales debería haber más comunicación entre la gente, entre los periodistas de distintas nacionalidades. Hace tres años, por ejemplo, recuerdo que Inside Job estaba en una sección paralela y nadie pensaba que un documental sobre economía fuera interesante. Todos agradecimos que alguien nos dijera, tienes que ir a verla. Debería haber mas esta especie de comunicación, un panel, un panel teórico.

MY: Este es un tema interesante: cómo circula la información entre la crítica. Eso ha cambiado mucho en los últimos años. Por ejemplo, cómo se genera el consenso y la opinión más oficial entorno a una película. Hace unos años, la palabra definitiva la tenía el cuadro de críticos que aparece en Variety, Le Film Français o Screen. Un grupo de ocho críticos que puntuaban las películas y eso se interpretaba como la opinión de la crítica. En este sentido ha habido un proceso de democratización interesante. Ahora puedes encontrar mucha más diversidad de opiniones. Hay unos críticos argentinos que tienen una lista en la que puntuamos cincuenta o sesenta críticos. Es interesante pero no crea opinión, porque de cualquier peli encuentras quién la considera una obra maestra o le da un suspenso absoluto. La democratización es interesante te obliga a seleccionar la voz con la que te identificas.

JF: Yo personalmente odio las estrellitas.

NV: Los estados de opinión respecto a las películas se crean incluso en festivales mas pequeños. De repente, hay películas que hay que ver.

IM: Aquí las redes sociales son importantes para apoyar películas que a lo mejor no tienen otra forma de promocionarse o destacarse y encuentran así los recursos para hacerse visibles.

MY: En este sentido la forma como se difunde la información a través de redes, favorece la creación de burbujas. Yo por ejemplo, que hago twitts sobre pelis, me doy cuenta que las opiniones positivas son infinitamente mas retwitteadas que las impresiones negativas. Pero me gustaría saber la experiencia de la gente que sigue los festivales, si los siguen, que preferís, la inmediatez del twit, la crítica rápida, la reflexión…

Público: Yo prefiero mas la inmediatez corta en el momento y luego leer una crítica más profunda y más pensada en una revista.

MY: Pero de la crónica que sale al día siguiente en los diarios de papel, ¿qué esperas?

Público: Ya no la leo, no me interesa. Porque no hablan de cine la mayoría, hablan de otras cosas.

Foto: Gerardo García

Foto: Gerardo García

JF: Este año, por ejemplo, hay tres películas italianas en la competición de Cannes. Creo que es más interesante esperar a verlas las tres y hacer una valoración del panorama del cine italiano que nos venden en los festivales, que hacer una crítica individual de cada una.

NV: La pregunta es: en lo que se escribe cada día del festival, ¿hay que hacer crítica o hacer otro tipo de valoración?

IM: Eso tiene que ver con lo que hablaba antes Manu. Cómo se determina una programación. Los festivales tienen una idea, al margen de que estén disponibles o no las películas y su poder para conseguirlas o no, Hay una ideología. El caso de Italia, por ejemplo, una cinematografía que en los últimos años no es precisamente de las mejores y en cambio tiene tres películas a competición en Cannes. La respuesta es porque Italia tiene un ascendente muy fuerte en el festival desde siempre.

MY: Yo, que soy profundamente influenciable por la gente (los críticos) que admiro, prefiero ver películas en Cannes o Venecia en una primera proyección y sin tener ninguna opinión previa, porque así no tengo influencias previas. Eso fue uno de los elementos que me enganchó a los festivales. Yo intento no saber nada de las películas antes de ir a verlas.

IM: Aunque ahora sabes muchas más cosas de las películas, hay un exceso de información previa.

NV: Esto plantea otro tema interesante. ¿Se han de preparar los festivales o es mejor dejarte sorprender, dejarte ir?

JF: Sorprenderte siempre. Ir con la mirada limpia y la información mínima. El otro día, aquí en el D’A, quedé deslumbrado con La chambre bleue de Mathieu Amalric, de la que no sabía nada. Si me hubieran contado cosas, seguramente no habría sentido la emoción que tuve viéndola. Esto te enriquece mucho. Pero volviendo a casa y a los festivales de aquí, como Sitges o San Sebastian, hay una cosa que me molesta un poco: el compadreo entre los críticos y los profesionales que son amigos, conocidos, y condicionan el criterio de valoración. ¿Cómo lo evitamos?

IM: Siempre tenemos influencias de la gente que conocemos. Yo hago todo lo posible para que las películas de mis amigos me gusten. Ya sé que no está bien, pero no puedo remediarlo.

JF: Eso no está bien. Recordar lo que pasó con Murieron por encima de sus posibilidades de Isaki Lacuesta en San Sebastian. En el pase de prensa la patearon, la gente se fue. ¿Qué le tienes que decir a Isaki, cuando le ves? ¿Adelante con películas como ésta o que se ha equivocado?

NV: Este caso en concreto nos da para hablar de otra cosa importante. Yo vi la película en el pase de público en el Kursaal lleno por completo. Y la reacción fue muy buena. Esto me hace preguntarme ¿se deben o no se deben hacer pases de prensa, guetos de élite, cerrados, sin contacto con la gente? A mí me parece más interesantes los festivales donde la crítica se mezcla con el público, como Berlín o San Sebastian, con excepción de una sesión, esa donde se vió Murieron. Los pases de prensa cerrados pueden ser muy peligrosos, se crean estados de opinión, se decide que una película es una obra maestra o se la lincha. Yo vi la película en el pase del público y la gente se moría de la risa y aplaudieron al final.

MY: El problema que veo es cuando, desde los medios, se crea una cierta confusión entre lo que son los pases de público y los pases de prensa. En Cannes, por ejemplo, en todos los pases de público se aplaude todo.

NV: Perdona Manu, pero en Cannes no hay público. La gente que va a las sesiones de la tarde y la noche es la industria y los invitados. No hay nadie que compre una entrada y vaya al cine como en Berlín o en Donosti o aquí dónde si hay publico que compra su entrada. Eso es el público. Cannes no es un festival pensado para la gente. Los otros, si lo son.

JF: De todas formas cuando hablamos de crear estados de opinión en los pases de prensa es algo discutible. No creo que se cree un estado de opinión.

Público: ¿Cómo se crean esto estados de opinión, es la crítica, son los medios, es el festival…?

JF: Yo creo que es un poco todo, aunque insisto que no creo demasiado en los estados de opinión. Hay un crítico en concreto, cuyo nombre no pronunciaré, al que un distribuidor siempre le preguntaba ¿te ha gustado la película, porque si te ha gustado y haces una buena crítica, la compro? En este momento y desde hace muchos años, no hay en este país una crítica que cree estados de opinión.

José Luis Losa: Yo echo de menos los pateos y los abucheos. Ahora hay una cierta atonía, acritica .

MY: En este tema de aplaudir o abuchear tengo un problema personal. Justo al terminar la película, hay muchas veces en que no tengo del todo claro si me ha gustado o no. Necesito un tiempo para procesarla.

JF: Me sorprendes, Manu. Yo, cuando acaba una película tengo muy claro si me ha gustado o no. Las películas son como las personas, o tienes un flechazo o no lo tienes.

Sílvia Grumaches: Me gustaría introducir un tema. Habláis de festivales grandes donde hay estrenos mundiales, pero a mí me gustaría saber cuál es el papel de la crítica en estos festivales, llamémosles de segundo circuito. ¿Qué pasa con Gijón, con Sevilla, qué pasa con el mismo D’A donde estamos? ¿Cuál es el papel de la prensa en estos festivales que no hacen exclusivas mundiales? Y respecto a lo que llega al público que lee las crónicas de un festival grande, muy pocas veces se explica lo que está pasando en los márgenes del festival.

MY: Contesto a la última parte de tu intervención. Creo que el elemento clave del tema es el hecho de que los medios envíen solo a un corresponsal que tiene que hacerlo todo. Yo llevo diez años yendo a festivales y recuerdo que al principio solía haber dos personas por medio: un periodista que hacía crónica y un crítico que veía películas. Pero siempre de la sección oficial. Al final, para encontrar comentarios de ese otro festival, de secciones paralelas, has de acabar buscando la información en revistas mas especializadas que envían a varios críticos y llegan a todas partes.

NV: Me parece muy importante hablar del tema del segundo circuito, porque es el que llega al público. Por eso decía que era importante destacar, resaltar en los festivales lo que vale la pena, no criticarlo, no analizarlo, señalarlo para que cuando lleguen al circuito que contacta con el público, este tenga ya una información. Pero al margen de esto, es cierto que en los medios de comunicación convencionales y en los menos convencionales también, se habla muy poco de estos festivales. No se les dedica la atención que merecen como puente entre los grandes festivales y la gente.

IM: Desgraciadamente en los diarios, cada vez interesa menos la información sobre los festivales, incluso los grandes. Y encontrar espacio para hablar de este segundo circuito es casi imposible.

Sílvia Grumaches: De acuerdo, pero creo que hay otro problema importante. Las películas que se pasan en estos festivales la prensa “seria” ya las ha visto en los festivales grandes, las habéis visto vosotros y por lo tanto no son noticia o no hay interés por vuestra parte de volver a ellas.

IM: Si hay interés, porque siempre hay películas para ver. Pero si el festival no convida a la prensa, es muy difícil que el medio te pague ir a Sevilla, Gijón o Valladolid. Si el festival no es en tu misma ciudad, es muy difícil que puedas simplemente ir a un festival de segundo circuito si el festival no te invita. El medio nunca te envía a ningún festival y menos a festivales más pequeños Hay algo en lo que has dicho que si me parece importante. Yo aún creo en el cine, disfruto con el cine y descubro cosas que me gustan mucho, pero luego llegas aquí y te das cuenta que nadie sabe de qué estás hablando porque lo que ha trascendido son solo los productos industriales.

NV: Por eso es tan necesario el segundo circuito o los estrenos, volver a ver las películas fuera del contexto de un festival ayuda mucho a clarificar. Si una película me ha gustado suele seguir gustándome después: pero me ha pasado a veces que películas que no me han gustado, vistas en condiciones normales me parecen mejores. De eso no hemos hablado, pero seguir un festival de los grandes es algo completamente anormal en la vida de cualquier persona. Los que pasan en tu ciudad son anormales porque tienes que ir al súper, pero los grandes son anormales porque no duermes, no comes, no vives…

IM: A mí me sigue gustando ver películas una detrás de otra y tener un carnet de esos de vips que te permiten entrar a todo, me haría una ilusión enorme. El problema es que el cansancio te hace acabar mezclando las cosas y eso hace que a veces puedas ser muy injusta con una película. También pasa que cuando ves una película importante para ti por lo que sea, todo lo demás que ves ese día ya no te gusta. Por eso nunca intento cargar mucho las tintas sobre las películas, para no ser injusta. Todo está matizado por ti, tu eres una persona y estás condicionada. La saturación o que alguna cosa te ha dejado una huella, hace que las otras películas te parezcan peores. Soy muy subjetiva.

MY: Es muy interesante lo de las películas que te dejan huella. Siempre he pensado que los festivales, esos nueve o diez días en los que vives un festival, vives en un tiempo extraño. Mi sensación es que esos diez días funcionan como meses de una vida normal. Cómo te resiste una película el paso de un par de días de festival es la prueba del algodón.

Foto: Gerardo García

Foto: Gerardo García

JF: El problema de los macrofestivales es que tienes que ver cinco o seis películas diarias. Yo creo que esto ya no hay que hacerlo, por salud mental. Y también me parece de salud mental que si una película no te engancha, te vayas de la sala. Otra cosa es que luego, como algunos hacen, escriban de la película como si la hubieran visto. Pero si no te gusta, no te atrapa o crees que no tiene interés para tí, vete a pasear un ratito. Ver demasiadas películas en festival acaba fatigando mucho.

IM: Pero también tienes que aprovechar la oportunidad de ver todo lo que puedas. Si te limitas solo a ver la sección oficial, es muy pobre.

NV: Yo también pienso que más de cuatro películas al día acaba siendo muy estresante. Las películas padecen. No es lo mismo ver la película el primer día del festival que el octavo; no es lo mismo ver la película recién levantado que la quinta a las diez de la noche. El problema más grande de todos modos es que en un festival grande o mediano, no hay tiempo de reflexionar, no hay tiempo de pensar. En ese sentido hay una corriente entre la critica que me parece interesante. Es lo que se llama slow critic, es decir escribir de lo que te apetece, cuando te apetece, aunque sea en un medio diario.

Carlos Losilla: Eso tiene que ver con la valoración global de un festival. Un festival tiene un diseño de programación, ha seleccionado y ha programado estas películas por algo. El principal trabajo del crítico es el de descifrar o interpretar este diseño, encontrarle el sentido más que hacer critica de una u otra película. Festivales como el D’A tienen ese interés, recoge películas que vienen de distintos festivales y las reúne de una manera distinta, ¿por qué?

MY: En ese sentido las lecturas pueden ser mucho mas interesantes en un festival como este que en Cannes, porque si me pongo a pensar desde esa perspectiva en el festival de Cannes y es un tema que me obsesiona en los últimos años, me doy cuenta del peso que tienen los agentes de ventas internacionales a la hora de colocar pelis. Son una casta dominante que controla el festival. Si pienso en el festival de Cannes en esos términos me salen cosas muy poco interesantes.

Carlos Losilla: Por eso son necesarios estos festivales intermedios que seleccionan con criterio y son puente con el público, con la gente, con la ciudad.

Sílvia Grumaches: Y hay otro tema. El papel de prescriptor de la prensa y la critica que apoya películas en un festival, que, cuando llegan al público, muchas veces no tienen el mismo recibimiento, incluso la gente pide que le devuelvan el dinero. Hay un divorcio entre lo que la crítica apoya en los festivales y lo que el público quiere ver.

MY: La única respuesta que te puedo dar es la honestidad personal con la que trabajas. Es lo único que cuenta. El compromiso que tengas con la visión del cine que crees que hay que defender. No es fácil colocar el tema del público en esta ecuación, a mi me resulta muy difícil.

Sílvia Grumaches: Eso es lo que se está cuestionando parte de la industria que se mueve por los festivales. ¿Qué pasa después con sus películas, cuando llegan a las salas y son auténticos fracasos aunque tengan excelentes críticas?

NV: Es cierto que se ha creado una especie de género: el de las películas de festival, que solo funciona en los festivales y no funciona con el público de taquilla normal. Por eso me parecen muy importantes los festivales de segundo, tercer y cuarto circuito que dan visibilidad a esas películas que estrenadas normalmente nunca tendrían. Los festivales pueden y deben ser plataformas de difusión de películas pequeñas. Una película puede llegar a tener una difusión muy grande en distintos festivales de Europa, donde hay muchísimos de estos certámenes. Lo que nunca podrán ser es sustituto de la taquilla. Los festivales de los distintos circuitos son una salida cultural no económica para películas que en un estreno comercial convencional no tienen ninguna posibilidad.

JF: Hay otro debate aquí, las películas no se acaban en las pantallas de cine. Se pueden ver en plataformas on line que a veces les dan mucha más visibilidad. En este momento no sé cuál es el futuro de cómo veremos las películas pequeñas o independientes.

NV: Las películas tienen muchas vidas. Lo que tenemos que aprender es a buscarlas y convertir las plataformas on line en auténticos foros de difusión de esos films menos conocidos, con menos marketing. Ya sé que no es lo mismo verla en un ordenador o la tele, que en una sala, pero lo importante es que se vea.

Carlos Escolano: Hay un tema que sobrevuela toda esta mesa redonda. La incidencia social de la crítica, la repercusión de la crítica en la realidad. Yo creo que es muy poca, porque esencialmente la critica la leen los interesados en la crítica y nada más. Y si te interesa el cine, raro será que leas una crítica literaria o de teatro o de música. Todo queda en un ámbito muy reducido. En cuanto a la responsabilidad del crítico, me he quedado con el tema de las ruedas de prensa que me parece simple dejadez de funciones. Si las ruedas de prensa son malas es porque no se les da un contenido, no porque sean en si mismas malas. ¡Qué mejor manera de ser el primero en opinar que hacer una pregunta inteligente en una rueda de prensa que se ve en todo el mundo! Sobre el tema de la «crítica slow«, me parece importante el ejercicio de resistencia que significa optar por la reflexión. En el fondo todos buscamos una diferenciación, pero encontrar la diferenciación subidos al carro de la velocidad es mucho más costoso. Yo creo que es mejor pararnos un poco y reflexionar, algo que se echa en falta tanto en la crítica como en la universidad. Pensar. Claro esto tiene un problema: el crítico no es independiente, se debe a su medio que es el que le paga y al espacio que le dan para escribir.

MY: Hay varias preguntas que se han hecho aquí que ponen en evidencia de forma conflictiva un cierto estado de marginalidad. Yo, después de los años, asumo ese pequeño espacio marginal que siento que ocupo, lo disfruto e intento transmitir el entusiasmo con el que vivo esa experiencia cinéfila. Si hay algo por conquistar, lo lograrás transmitiendo entusiasmo. Entrar en un discurso derrotista no me interesa demasiado. Creo que lo que puede funcionar es construir espacios pequeños desde los cuales hablar con intensidad y con pasión. Y de esa manera, con el tiempo, a lo mejor iremos encontrando nuevos públicos, porque estamos viviendo momentos de grandes transformaciones. No tenemos ni idea de qué va a pasar en unos años con los diarios, con los nuevos espacios emergentes. Lo único que podemos hacer es seguir disfrutando.

NV: Creo que el discurso de Manu es un buen cierre para esta mesa. No hay que perder el entusiasmo, no hay que perder la ilusión, no hay que perder la honestidad da igual que te den 900 caracteres que 5000.

JF: La base es siempre la mirada limpia no contaminada.